8 de març 2013

AGUA

Somos casi casi todo AGUA. Entre un 80 y un 90% de nuestros tejidos es AGUA. Estamos embebidos en una matriz acuosa. Es por eso por lo que el mar, los lagos, los ríos, nos resultan tan atractivos, encantadores lugares llenos de esencias primordiales. Duendes, ninfas, mujeres de agua, accesos a mundos diferentes...interfacies, superficies que separan texturas y mundos, maneras de entender la vida y de vivir. 
El AGUA es sinónimo de flujo, de sutileza, de adaptación al entorno...de cambio. El AGUA tiene tres estados: sólido hielo, escurridiza liquidez y vapor gaseoso. ¿Se puede pedir más adaptabilidad? 
Siéntate al lado de un lago, de un río. Deja que tu mente, libre, piense. Lo que quiera. Verás como, poco a poco, los pensamientos se calman, se apaciguan. Mira el AGUA: la blandura de las ondas, el ruido del chapoteo de seres que viven inmersos en ella: un pez, una ranita, una libélula vagarosa...el AGUA te llevará a tu interior. Apacíguate: nada importa, en verdad. Serena tu alma. Serena tu cuerpo. 
Si el clima es propicio, sumérgete en el AGUA, desnud@: verás que, tras la sorpresa inicial de la falta de adaptación, el cuerpo parece recordar tiempos arcanos, cuando no había tanta diferencia entre lo interno y lo externo. Verás que el agua te quiere: se quiere meter en tu boca, tus orejas, tu nariz...te rodea, te AMA. Déjate amar.